¿COMPRAMOS EL MEJOR PRODUCTO O EL MEJOR MARKETING?

Seguramente en algún momento de nuestra vida todos hemos experimentado la sensación de estar disfrutando de algo que se sale de lo cotidiano, una cena en un restaurante que supera nuestro presupuesto, una noche en un lujoso hotel al que no podemos ir con frecuencia debido a su coste, un producto comprado en la sección gourmet, una entrada VIP a un concierto… todo parece mejor en esos momentos pero, ¿realmente es así o quizá sucede porque nuestro cerebro está preparado por el marketing para que lo percibamos así?

Es posible que si analizamos este tipo de situaciones lleguemos a una conclusión muy diferente a la esperada. Si hacemos una cata a ciegas quizá ese producto gourmet no sea el elegido o el hotel tan caro no sea lo funcional que necesitamos o la cena tan cara no sea lo abundante o exquisita que esperábamos pero a veces somos capaces de autoconvencernos de que solamente por pagar más hemos acertado en nuestra elección. En ese proceso no somos felices solamente por lo que estamos degustando o disfrutando, sino por el placer que supone la posesión de algo que sabemos que no tenemos habitualmente y de lo que tampoco disfrutan otras personas.

Estoy segura que si a un vino de renombre y elevado precio le despojamos de su botella y de su etiqueta y lo damos a probar a consumidores no expertos pasaría desapercibido para el gran público, el mismo que probablemente lo compraría para impresionar en una comida a sus invitados o para “quedar bien” a la hora de hacer un regalo. ¿Qué compramos entonces, producto o marca? En muchos casos se trata de adquirir marca porque por ejemplo no creo que haya nada que haga que unas simples botas de agua cuesten diez veces más que otras y, sin embargo, tendemos a comprar las más caras porque van asociadas a una firma concreta que transmite prestigio.

Resultado de imagen de vino caro

La imagen de marca, por tanto, es importantísima hasta el punto de que un mismo producto con etiquetado diferente puede confundir a nuestro cerebro para llegar a la conclusión de que es mejor. Digamos que nuestra mente se predispone a encontrarlo de mejor sabor o calidad cuando el envase, el etiquetado o la presentación en general están más cuidados. Esto ocurre por el llamado efecto placebo del marketing que funciona como en otros ámbitos de la vida creando en este caso grandes expectativas al consumidor a través de la imagen de marca. Obviamente, el marketing funcionará cuando el producto se encuentre dentro de unos límites de calidad aceptables porque tampoco el marketing puede hacer milagros, aunque parte de su filosofía sea siempre intentarlo.

Fuentes consultadas:
http://luislorenzo.me/2016/02/09/un-buen-producto-es-el-mejor-marketing-mi-metodo-para-crearlo/

http://www.marketingyestrategia.com/nuestro-producto-es-el-mejor/

http://www.marketingandwine.com/2016/10/catando-vinos-ciegas.html

http://www.puromarketing.com/32/4178/marketing-packaging-cuando-envase-marca-diferencia.html

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